Educar para la Inmortalidad
Meta de la pedagogía mapuche arcaica
Los grandes objetivos terminales de la Vida.
Cultura de Guerreros ésta de los Mapuches de Chile. Todo en ellos es lucha y conquista sin fin. No hay nada acabado, definitivo o inexpugnable que no pueda ser abordado, aunque sea en un postrer asalto de agonía.
Ser hombre significa jamás decir "basta" o "imposible". Significa decir -en palabras del cronista Rosales: "Yo Soy el que derroté". "Inche Lau-taro, apumbin ta pu huinca". Incluso, también significa alterar las funciones propias de los órganos de la naturaleza, si el cercenamiento de otros impide cumplir un noble propósito. Este fue el caso de la mítica Machi del lago Calafquén: amputados sus dos brazos por el invasor, ella cura los muñones con hierbas valiéndose de sus pies, los mismos que empleó para curar sabiamente las heridas de su pueblo.
Es tal vez por estas cualidades que a Charles Darwin, al recorrer la selva de Arauco en 1834, le llamó la atención la fisonomía "seria y austera" de la raza, que "indica una honrada rudeza o una feroz determinación". Este último rasgo, decididamente clave en el programa de formación del Ser, nos lleva a la quintaesencia de las virtudes que debe lograr un Guerrero: adquirir Yafüduami, es decir, voluntad firme. Porque sólo a través de este potencial interno el hombre se diferencia de las bestias. La voluntad firme lo distinguirá del resto de los vivientes al ponerlo en el camino de retorno al Wenumapu, la radiante matriz de las estrellas de que hablan los viejos mitos.
Rafael Housse, sacerdote francés que investigó los fundamentos espirituales de Arauco en la década de los '30, se sorprenderá de la extraña semejanza existente entre las ideas antropológicas de Nietzsche -quien rescataba para Europa los ideales griegos y germanos en torno a la grandeza del hombre- y la praxis pedagógica de los mapuches: "Infatuado con su valor y cualidades, llámase el hombre por excelencia: el superhombre, como se dice hoy día..." Porque la tarea eterna del Mapuche es el permanente esfuerzo por trascender su humana condición: alcanzar las alturas brillantes del firmamento: "Las estrellas son los fuegos que encienden los viejos antepasados", como las águilas elevando sus alas hacia el sol.
Las tradiciones nos hablan del Futa Wenthru, el Gran Hombre, símbolo inspirador de los grandes esfuerzos.
Este hombre cósmico, que en ocasiones aparece como entidad divina, es comparable al Purusha hindú. Al igual que él, el Futa Wenthru parece también una imagen psíquica interior, algo que vive dentro del ser humano individual. El tal sentido, refleja la idea del "Kristos", la potencia que cada uno lleva dentro. Por ello aparecería asociado al Cha Wenthru o Kacha Wenthru, que el investigador Cañas Pinochet traduce por "hombre oculto".
Este compromiso del hombre con el camino evolutivo de la vida resulta una apuesta concreta: un desafío absoluto que impregnaba toda la antigua educación mapuche. Educación que comenzaba intra-útero. La madre embarazada debía subir cada mañana a la cima del monte más alto del lugar, desnudaba su vientre y lo exponía ritualmente a los rojizos celajes de la luz matutina. De modo simultáneo procedía a comunicarse mentalmente con su hijo, entregando a éste su primera gran enseñanza: imitar la velocidad y el fulgor de ese primer rayo de sol que impactaba la palpitante matriz. Si la fuerza de la naturaleza moldeaba sus células, eran la mente materna y el sol los primeros docentes moldeadores de su espíritu.
El otro objetivo supremo de la existencia es, sin duda, el apoderarse de la sabiduría y el conocimiento cifrados en el gran libro de la naturaleza. Experta en este arte de adquirir Küimin, sabiduría, es la Machi, que como mujer experimenta un íntima connaturalidad con el mundo. Para ella todo resulta un signo que habla y que enseña: el lucero del amanecer, el vuelo de las aves, las variaciones y formas que adopta el fuego del hogar, la floración temprana de las plantas, etc. El hombre y la mujer, cada uno desde su propia perspectiva, han nacido para saber, para descorrer el velo opaco que cubre todas las cosas.
En el peligrosamente hostil mundo terrestre del Mapu, donde coexisten el bien y el mal, un mundo envuelto por arriba -ankamapu- y por debajo -minchemapu- en las oscuras radiaciones malignas, exigía desarrollar una vasta ciencia de protecciones, alianzas y eficaces formas de magia.
Manejar conscientemente los poderes y leyes de la naturaleza se tornaba entonces imprescindible.
Quien no conociera el orden o espíritu que rige cada cosa de este mundo, se exponía a ser alimento triturado del destino, a ser un ente al que se le succionaba lo mejor de sí mismo: su propia alma.
Véase, por ejemplo, la inmensa desgracia de convertirse en Witra-nalwe, ser sub-humano, manejado por una voluntad torcida para cuidar el derrotero de las bestias...
El propio Toqui Kilapán sacudía a sus tropas -en un postrero intento de resucitar el ideal de una Araucanía libre-, advirtiéndoles que, si no despertaban, serían "ordeñados como vacas". Y estas palabras no son válidas sólo en el contexto Mapuche-Huinca del año 1860 -en que fueron pronunciadas-, sino que se aplican donde quiera que un hombre se levante entre la tierra y el cielo.
Currículo y Método: Despiértate buen guerrero
"Trepelountunge küme Kon'a"
"El cacique saltó a uno de esos caballos de reserva, un viejo caballo blanco, llevando consigo a su hijo, aún de corta edad. El caballo iba sin riendas ni montura.
Para evitar las balas, el indio montó como acostumbraban a hacerlo los paisanos en estos casos, es decir, con un brazo en torno al cuello del animal y tan solo una pierna sobre el lomo.
Suspendido así a un lado, se le vio acariciar la cabeza del noble bruto y hablarle.
Los atacantes se encarnizaron en su persecución; el comandante cambió por tres veces su caballo pero fue en vano.
El viejo indio y su hijo lograron escapar y, el cuerpo desnudo, bronceado del anciano, sosteniendo en brazos a su hijo colgado de su blanco corcel..."
Esta cita de Charles Darwin resume una unidad del programa curricular mapuche de antaño, como también su respectiva evaluación: que el alumno sea capaz de sobrevivir en libertad. ¿Cómo operacionalizar este objetivo? ¿Con qué estrategias metodológicas?:
El cuerpo deberá responder a las órdenes de la mente saltando a un caballo a la misma velocidad que el pensamiento...
Simulando un ataque winka, el mocetón aprendiz, a pleno galope, agarrará una piedra de 35 kilos desde el suelo ocultando completamente el cuerpo por el flanco opuesto al asedio sin soltar jamás la lanza de la mano izquierda, ensayará con oído y mirada atenta (lelinien) comunicarse con el caballo hasta que éste responda exactamente a todas las insinuaciones gestuales del jinete...
Podríamos ahondar en múltiples detalles del programa formativo del guerrro, desde los infantiles juegos pedagógicos de audacia y atención consciente de la naturaleza, hasta los postgrados o master of arts, que realizaban los iniciados junto a excepcionales loncos o ülmenes (tal fue el caso de Kilapán, enviado por su padre, Mangil, al lado del insigne Kallfukura, un superjefe de toda la pampa argentina, que tuvo en jaque durante décadas al Gobierno de Buenos Aires).
Resulta ilustrativo citar al menos una disciplina de las muchas a las que se sometían, desde el amanecer, los jóvenes araucanos.
Desde los diez y hasta los dieciocho años, es decir, durante toda la actual etapa de Educación Media, se les adiestraba en los más variados procedimientos nemotécnicos.
Ejercitar la memoria, articulación verbal en continuos ejercicios de transmisión fiel de largos y compli-cadísimos mensajes eran el objeto central del adiestramiento del intelecto.
Aunque lo más notable en los huerquenes, mensajeros, dignidad muy codiciada por los jóvenes antes de ser Kon'a, guerreros, era la capacidad de interpretar los desos del cacique que los enviaba.
Según el araucanista Gregorio Alvarez, esto implicaba "saber captar voluntades, juicios y recoger informaciones que pudieran ser de utilidad para la tribu."
Por lo tanto, no se trataba sólo de habilidades cerebrales de archivo: atención-retención-grabación, sino de actividades de la mente o corteza superior: discernir, crear, discurrir, inferir. En una palabra, todas las categorías verbales complejas de la taxonomía de Bloom.
Esto para el dominio cognositivo, puesto que para el dominio afectivo y psicomotor, las interminables cabalgatas, los peligros de la selva y la montaña, la sed, el hambre y las emboscadas ponían el resto.
La pampa trasandina servía, además, como la gran prueba iniciática para alcanzar la madurez como hombre y como luchador. "Ir a arreglarse a la Argentina" constituía el mejor desafío para robustecer el alma, exorcizar el miedo y hacerle audaces guiños a la poderosa muerte. Inluso, llegó a existir allí un lugar mágico
-Kuramalal-, sitio de ritos de pasaje, que coronaban las anteriores pruebas que había superado el guerrero. Bajo la protección de seres sobrenaturales, "parece que allá se puede alcanzar el don de ser invulnerable".
Recursos y Actividades:
"Tenerse a sí mismo para escalar las cuatro almas"
"Un niño nunca nace con un alma desarrollada, apenas con un alma embrionaria. Porque un alma sólo puede ser adquirida en el curso de la existencia corporal".
Tales eran los prerequisitos para iniciar el Koñarüpe, el camino de los guerreros.
Tomar conciencia de esta situación de entrada, darse cuenta de que un alma es un gran lujo y sólo para unos pocos, pone al reche, al individuo común y corriente (no iniciado), en trance de violentarse a sí mismo para vencer a las fuerzas destructoras del universo y lograr pervivir.
El alma embrionaria recibía el nombre de Alwe. Constituía una mera fuerza bioquímica, amorfa y sutil, desconectada todavía del núcleo personal y yo integrador. Por esta causa era susceptible de ser enganchada por un brujo.
A través de la práctica volitiva y de las experiencias vitales, se podía desarrollar el Am, segunda alma, o segundo cuerpo sutil, copia exacta del físico.
Se manifestaba a la muerte de la persona como una aparición fantasmal de duración variable, de horas a un año de permanencia, regresando a su hábitat anterior.
El Am, cuando el difunto cultivó la voluntad, pero no adquirió el conocimiento, necesita recibir impresiones. Y puesto que carece de suficiente experiencia y de material de impresiones, debe recibir cierta educación postmortem.
Si el Am se enfrenta con materia de vibraciones más finas, el Pellü, por ejemplo, se desintegra.
El Pellü equivale a o que los occidentales llamamos espíritu. Este tercer cuerpo sutil, principio activo por antonomasia, neutraliza al segundo absorbiendo su energía, o simplemente manejándola para sus propósitos superiores.
Posee una fuerza o newen secreta, capaz de trascender la muerte en los límites elevados de la atmósfera. Se instala de preferencia en las alturas ígneas (volcanes).
Finalmente, el yo, -Inche- graníti-camente cristalizado por múltiples pruebas y sacrificios, el guerrero (hombre o mujer) ingresa al estado de pillán, el alma número cuatro, perfecta, estable, poderosa. Se torna dueña de los diluvios, de las radiaciones (rayos), de las piedras. En suma, dueña de su destino y de los fenómenos de la Naturaleza, a los que ahora domina. Es, por fin, el amo, el dueño, Ngen, de los restantes cuerpos inferiores.
Los límites del Alwe son los del propio cuerpo. Los del Am, las inmediaciones de la sepultura. En cambio, los límites del Pellü y del Pillán son ya cósmicos, alcanzando las esferas planetarias visibles en el caso de este último (Pillán: probablemente de Pellüm el estado anímico en su totalidad).
Evaluación:
"Que a uno le nazcan dos corazones con fuego interminable"
Alcanzar el estado de guerrero, es decir, el dominio del cuerpo, de la mente (memoria atenta, mirada fija, despertar felino) y de las almas, conducía al iniciado mapuche al estado de alerta psíquico, en gran medida gracias al ejercicio del alerta bélica. La alerta psíquica -expresada en términos tales como trepela-imiduam, trepelountunge- apuntaba a un estado mental que correspondería al acto consciente, al brillo luminoso que invade el cerebro, producto de la eficaz acción de la consciencia.
El guerrero despierto no sólo vigilaba y acechaba el mínimo rumor del sospechoso aire en el frente enemigo, sino que vigilaba y acechaba también a sí mismo. Tal nivel superior de consciencia, evidentemente regalaba al Kon'a o al Weicán un poder: el poder de la visión profunda de las causas ocultas que tejen lo real.
Es decir, se convertían en videntes. Oficios tales como llihua (adivino), dungulve (profeta de lo oculto), peumantufe (intérprete de los signos oníricos), etc., son generalmente resultado de trasponer el pórtico de la sabiduría de la Naturaleza, ésta no pregunta qué oscuras o torcidas intenciones trae su huésped, porque él mismo se echará encima todo el poder que malignamente ha desatado. Se explica así que a esos inmensos guerreros como Lautaro, Kall-kufura, Pincen o Kilapán, se les haya calificado de Kalku, brujos, de hombres fenómenos (parkawa, chang-ngefui, aimatufala, etc.) por su sabio poder de alterar y manejar a voluntad las fuerzas naturales.
Quizas el prodigio más extraordinario sea aquel de Kallfukura. Su corazón fue siempre su guía.
Berta Koessler recogió el dato que era "como una luz capaz de penetrar en la tierra, en el interior del mar y de la montaña, que veía todo para comprenderlo".
Y al morir, cuentan que hallaron en él "dos corazones que seguían latiendo alegremente, que no podían morir".
Como maestro del estar consciente del ser, acechando y vigilando siempre, la muerte no lo alcanzó como al resto de los seres humanos.
Los guerreros del conocimiento y de la libertad total, como lo fueron los antiguos mapuches, eligen el momento y la manera en que han de partir de este mundo.
En ese momento, se consumen en un fuego interno y desaparecen de la faz de la tierra, libres, como si jamás hubiesen existido, como un águila de niebla remontando los Andes.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados